12.6.08

N° 30 - Julio Pantoja

Julio Pantoja. De su ensayo fotográfico "Las madres del monte": Gral. Pizarro, Salta. Octubre 14/2005.

Ernestina Jeréz, una de las primeras en movilizarse contra los desmontes (Gral. Pizarro, Salta, junio 26/2007): “Ya no podemos sembrar ni criar a nuestros animales en paz, además, ahora los vientos arrasan con nuestras casas y, cuando llueve, el agua se lleva todo por delante”.

Julio Pantoja nació en Jujuy en 1961 y reside en Tucumán, donde se desempeña como profesor en Ciencias de la Comunicación (UNT) y trabaja como fotodocumentalista en temas sociales vinculados a la memoria histórica, la identidad y la defensa de los derechos humanos y ambientales. Su obra fotográfica integra colecciones públicas y privadas como las del Museo Nacional de Bellas Artes y de la Casa de las Américas (Cuba), entre otras. Las fotografías aquí reproducidas –cuyos originales son en color–, forman parte de la serie “Las madres del monte”, que ha sido expuesta en Buenos Aires, Tucumán, Santiago del Estero y en los meses próximos lo será en Códoba y Santa Fe con el auspicio de Greenpeace. Las protagonistas de este original ensayo fotográfico son mujeres campesinas que sufren y enfrentan la destrucción de los bosques de su hábitat. “En Argentina –señala el autor en la presentación de esta muestra– se desmonta una hectárea cada dos minutos, lo que equivale a cuarenta canchas de futbol por hora. Miles de personas, animales y especies vegetales están siendo desplazados o llevados a la muerte por los irracionales desmontes en las regiones boscosas del norte argentino, proceso acelerado por el boom comercial del cultivo de soja transgénica. El desastre ambiental y social está a la vista de un modo brutal. Ante este desolador panorama, como en otras experiencias de resistencia (recordemos a las Madres de Plaza de Mayo), muchas mujeres dejan la pasividad de sus hogares para acompañar –o incluso liderar– el enfrentamiento con las distintas formas del poder que avasalla a sus familias: sea un gobierno, una empresa agropecuaria, una policía complaciente o un grupo parapolicial. Así, mujeres indígenas y criollas, desde organizaciones campesinas, asambleas de autodefensa o incluso desde la soledad más adversa, como cumpliendo algún mandato atávico que les ordena poner el cuerpo, se ponen en pie de guerra y con diferentes modos de lucha defienden la fuente de vida: la tierra y el monte que las rodea”.

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